Respuesta del GANAGRAS de un Hato Lechero en Entrerrios Ant. (I Parte)

INTRODUCCION

La producción de leche es un proceso natural que conlleva un gasto energético para la vaca lechera de alta producción. Durante las primeras semanas de lactación las necesidades energéticas crecen de forma exponencial, al mismo tiempo que lo hace la producción de leche. En esta fase la vaca no es capaz de ingerir la suficiente energía para cubrir estas necesidades con lo que entramos en lo que denominamos etapa de déficit energético o de balance energético negativo. Las estrategias de manejo intensivo del ganado lechero obligan a maximizar el rendimiento de la vaca y una de las formas es intentar reducir al máximo los costes que la reproducción conlleva, reducir los días abiertos, reducir la cantidad de IA, etc… Cabe recordar que los primeros celos coinciden con la etapa de balance energético negativo.

Existe en las hembras mamíferas algún mecanismo por el cual, como parece lógico pensar, la producción de leche prevalece sobre la reproducción. Así cualquier desbalance energético penalizará antes los parámetros reproductivos que los productivos de una forma más  significativa.

Como bien es sabido el nutriente más energético es la grasa, que posee aproximadamente 2,25 más energía que los carbohidratos. La utilización de grasa en la alimentación de la vaca de leche no es una cosa nueva y se remonta a muchos años. Un razonamiento simplista justificaría el empleo de grasas en vacuno de leche con el objetivo de aportar una fuente altamente energética que, durante los primeros meses de lactación, evitaría una excesiva pérdida de peso  consecuentemente de condición corporal y cómo esta suplementación si puede influir sobre los parámetros reproductivos.

En todas estas revisiones llegamos a la misma conclusión.   La grasa,  no  solamente ejerce  su efecto positivo sobre los parámetros reproductivos por   el  hecho de ser fuente de energía, si no que la suplementación con grasa, y más concretamente, con ciertos  ácidos  grasos  puede activar o inhibir ciertos procesos hormonales que tienen un efecto directo sobre la ovulación y/o el mantenimiento del embrión

En la alimentación del rumiante nos encontramos con el inconveniente de que a nivel ruminal el perfil de ácidos grasos de la grasa ingerida cambia de forma importante debido a la hidrólisis y/o a la biohidrogenación parcial o total que sufren en el mismo rumen las grasas y los ácidos grasos que son ingeridos.

La capacidad del rumen para metabolizar las grasas es limitada. Cuando se sobrepasa esta capacidad del rumen para metabolizar la grasa podemos encontrarnos ciertos problemas asociados a un exceso de grasa libre en el rumen. El mecanismo exacto por el que la grasa interfiere con la fermentación microbiana todavía no se conoce pero se cree que es como resultado del recubrimiento de las partículas de alimento o un efecto tóxico directo sobre los microorganismos ruminales. Algunos ácidos grasos, especialmente los ácidos grasos insaturados, pueden tener efectos antimicrobianos e interfieren con el funcionamiento normal de los microorganismos ruminales (Jenkins et al, 2003).

Por todo lo mencionado, cuando queremos aumentar la energía de la ración sin perjudicar su digestibilidad, se hace imprescindible trabajar con grasas que no produzcan esta depresión de la digestión de la fibra en el rumen, es decir, grasas inertes en el rumen. Actualmente las grasas protegidas más utilizadas, además de ser las más estudiadas y avaladas, son los jabones cálcicos.

 En las revisiones anteriormente citadas son dos los mecanismos mencionados por los cuales la adición de grasa puede mejorar los parámetros reproductivos.

Uno estaría relacionado con la mejora del estatus energético de la vaca durante la primera parte de la lactación, como ya hemos visto, y el otro sería el efecto específico que la adición de grasa y que ciertos ácidos grasos tienen sobre el sistema endocrino.

La adición de grasa en las raciones de vacas de leche tuvo como consecuencia un aumento de los niveles de progesterona en sangre (Lucy et al, 1993). La progesterona es sintetizada por el cuerpo lúteo y es la responsable de la buena implantación del embrión en el útero y ayuda al mantenimiento de la gestación proveyendo de alimento al embrión.

Existen dos posibles razones para explicar el aumento de progesterona en sangre. Por un lado, estaría relacionado con un incremento del colesterol en sangre y por otro en un mayor tamaño de los folículos cuando se suplementaba con grasa la dieta. Cabe recordar que uno de los precursores de la progesterona es el colesterol. Éste es necesario para la formación de los quilomicrones y, consecuentemente, aumenta de forma natural cuando se aumentan los niveles de grasa en la ración. Los trabajos de Grummer and Carrol (1990), de Moallem (1999), Lucy (1993), y varios más, demostraron dicha relación entre el mayor nivel de grasa en la dieta y el  incremento de progesterona en plasma. Pero el nivel de colesterol no es el único factor que podría explicar el aumento de progesterona en plasma. Diversos trabajos han encontrado una relación directa entre la adición de grasa y el tamaño de los folículos y, como consecuencia, del cuerpo lúteo. A mayor tamaño del cuerpo lúteo mayor síntesis de progesterona.

Como segundo efecto específico se ha podido comprobar el que tienen determinados ácidos grasos poliinsaturados al inhibir o potenciar la síntesis o liberación de distintas prostaglandinas. La mayoría de resultados positivos se han conseguido con grasas inertes ricas en ácidos grasos insaturados, ya que, en rumiantes, sería la única forma de garantizar la llegada de estos ácidos grasos a los tejidos en los cuales ejercen su efecto.

Una vez llegado a este punto parece demostrado que la adición de grasa puede, de distintas maneras, mejorar los índices reproductivos de las vacas, y esto redundará en una mayor rentabilidad del hato, al reducir los días improductivos. El efecto no es solo debido a la cantidad de grasa sino, como hemos visto, al tipo de grasa, entendiendo por tipo el perfil de ácidos grasos que la componen. Pero no debemos olvidar como comentamos anteriormente que toda grasa sufre primeramente una lipólisis y posteriormente una biohidrogenación ruminal que modifica de una forma importante la naturaleza y el perfil de ácidos grasos que llegan al  Rumen.

OBJETIVO

El trabajo presentado en esta ocasión,  corresponde al seguimiento que durante un año se realizo en la Hacienda EL ALTO DEL INDIO   ubicada en el Municipio de ENTRERRIOS,  Antioquia,  de propiedad de el Señor  GERMAN PEREZ PEREZ.

Se trata de un Hato de ganado Holstein de buena calidad genética, bien manejado y administrado,  sometido a un buen régimen nutricional  (forraje Kikuyo y concentrado) y a partir del 20 de Junio de 2.010,  se le empezó a suministrar Ganasal como suplemento Mineral a voluntad y 300 gramos de GANAGRAS como suplemento Energético  a cada vaca en lactancia.

Los datos iniciales de los que parte la evaluación hecha, corresponden a los arrojados en el   promedio  de la 6 semanas (42 días) antes de iniciar el suministro de GANAGRAS y suministrados por el propietario de la finca.

En el cuadro general se aprecia la información obtenida  en cada una de las fechas que se realizo  control.  Es interesante ver  la columna de Diferencia Final,  ya que en ella se aprecia el efecto positivo y sostenido en cada uno de los parámetros  tanto de producción como de reproducción en cada uno de los intervalos evaluados.

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