Ganado Criollo Colombiano Romosinuano

El ganado criollo colombiano Romosinuano debe su nombre a la combinación de los términos romo” y “sinuano”, que se refieren a su principal característica fenotípica –el no tener cuernos– y a su lugar de origen –el Valle del río Sinú– en la costa norte de Colombia. Para explicar la carencia de cuernos de la raza Romosinuana existen varias teorías, pero todas ellas coinciden en que se originó en los ganados traídos por los conquistadores españoles.

 Según Pinzón (1981), se presentaban ejemplares acornes en forma esporádica en los ganados que poblaron la cuenca del río Sinú, los cuales se fueron popularizando a través del tiempo debido a la asociación del rasgo topo o romo con características deseables para matadero. Pinzón considera que se presentó una mutación en las poblaciones de ganado criollo colombiano “Costeño con Cuernos” (CCC), adaptadas a esta zona y que, por tanto, el Romosinuano es una raza auténtica colombiana.

Por otra parte, la topización espontánea por mutación se ha presentado históricamente en diversas razas y no habría razón para considerar que el carácter topo sea esencialmente producto del cruzamiento, ya que en Colombia se reportan otros casos de ganados criollos acornes que han aparecido espontáneamente; al respecto, Martínez (1992) menciona una variedad ‘topa’ en ganado criollo colombiano Blanco Orejinegro (BON).

 Por el contrario, Hernández (1976) considera que la hipótesis más probable es la de cruzamiento de vacas de la raza criolla colombiana Costeño Con Cuernos con toros de razas europeas sin cuernos, los cuales, debido a la dominancia genética de este rasgo y a la preferencia que se mostró por este tipo de animales, diseminaron rápidamente dicha característica. Las razas más probables en la formación del carácter topo en el Romo, según la anterior hipótesis, son el Red Angus y el Red Poll. Independientemente de cual haya sido el origen del Romosinuano lo más significativo es el proceso de adaptación, que ha experimentado en el amplio rango de ambientes y niveles de manejo a que ha sido sometido en distintas regiones de la geografía colombiana; el Romo es la raza criolla más difundida en el país y la única que ha sido exportada, incluso a Estados Unidos de Norte América.

El color del pelo (capa) incluye la gama entre el amarillo claro (bayo) y el rojo encendido (castaño oscuro o cereza); también existen animales ‘hoscos’, es decir, bayos o castaños con cabeza y extremidades negras. El color del pelo es uniforme aunque algunos animales presentan pequeñas manchas circulares de color más intenso esparcidas en todo el cuerpo, que le dan al animal un aspecto moteado que se conoce comúnmente como ‘pataconeado’. Según el profesor J. C. Bonsma, citado por Pinzón (1981), el moteado, las estrellas de melanina o el pataconeado sobre la piel es un carácter que indica alta vascularidad cutánea.

Las mucosas visibles (oral, nasal y ocular) y la piel son, por lo general, de tonos claros; no obstante, en los ejemplares hoscos éstas son de color negro. La piel es gruesa y bien adherida, el pelo es corto, brillante y lustroso, de talla mediana y cuerpo cilíndrico. La raíz de la cola es descarnada, de inserción alta y escasa borla (Hernández, 1976). Hay algunas características que son específicas de la raza criolla colombiana Romosinuano, y que le confieren ventajas adaptativas sobre otras razas bovinas entre las que se cuentan su adaptabilidad, rusticidad, fertilidad, longevidad, mansedumbre y su vigor híbrido.

Adaptabilidad:

el ganado Romosinuano está completamente adaptado a las condiciones medio ambientales ofrecidas por el Valle del Sinú; en su parte baja, la región corresponde a la zona climatológica de Bosque Seco Tropical (BST), con una temperatura media de 27,5 °C, humedad relativa del 83% y 1.200 milímetros (mm) de precipitación anual distribuidos en una época seca (diciembre a marzo) y otra con alta precipitación (abril a noviembre) (Hernández, 1976). La adaptación a estas condiciones medio ambientales origina animales con excelentes índices de fertilidad, supervivencia y longevidad.

 •Rusticidad: aunque los suelos del Valle del Sinú son muy fértiles y capaces de producir praderas de buena calidad a lo largo de gran parte del año, el Romosinuano –al igual que las otras razas criollas– se considera como una raza rústica por la respuesta adaptativa a las condiciones desfavorables propias del trópico, es notable su tolerancia a parásitos externo e internos, así como a la baja cantidad y calidad de los forrajes introducidos y nativos durante la época seca del año; además de su resistencia a las zonas húmedas y fangosas provocadas por la inundación de los valles durante el invierno (Pinzón, 1981).

 •Fertilidad: esta cualidad zootécnica se refiere a la capacidad comprobada que tiene un animal para reproducirse normalmente en su medio y generar un gran número de crías normales y sanas. Esta es una de las características más apreciadas de la raza Romosinuana entre criadores y ganaderos. Varios autores han reportado el excelente comportamiento reproductivo que exhibe esta raza en múltiples ambientes del trópico colombiano. En 1940, Escobar –citado por Pinzón (1981)–, encontró que en el Valle del Sinú el 79% de las vacas entraban en celo antes de 60 días posparto y el 92%, antes de 69 días; posteriormente, en el C.I. Turipaná, Hernández (1970) reportó un promedio de 373,6 días de intervalo entre partos, con 54,3% de ellos inferiores a 365 días. Por otra parte, se ha registrado un promedio de eficiencia reproductiva de 85% durante los últimos 25 años en el núcleo de bovinos de la raza Romosinuana del Banco de Germoplasma in vivo ubicado en el C.I. Turipaná.

 •Longevidad: otra de las cualidades fisiológicas notables del Romosinuano es su longevidad. Esta se manifiesta en forma destacada en esta raza criolla y es consecuencia del ajuste fisiológico del animal con el medio que lo rodea. Una raza adaptada necesariamente es resistente y sana, lo cual se refleja en una notoria longevidad. Según Hernández (1981), la longevidad y fertilidad del ganado Romosinuano compensan el aparente retraso en su desarrollo durante sus primeros meses de vida, ya que es común encontrar vacas de 15 ó más años de edad con 12 ó más partos, lo que tiene mayor impacto económico en un hato que tener vacas de gran velocidad de crecimiento pero con menor número de crías en su vida productiva.

Mansedumbre: finalmente, se destaca la tranquilidad y buen temperamento del ganado Romosinuano, característica etológica que hace de esta raza dócil y apropiada, para el manejo en los diferentes sistemas de producción, lo cual reduce la accidentalidad y el estrés de los animales. •

 Vigor híbrido: además de las cualidades ya mencionadas, cabe destacar la habilidad combinatoria y la producción de heterosis con animales de la raza Cebú principalmente, cruzamiento del que resultan ejemplares con excelentes parámetros zootécnicos.

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