Alimentación preventiva de la vaca en transición

 

El periodo de transición en la vaca lechera se caracteriza por una disminución del consumo de alimento desde unos días antes del parto que se recupera varios días después del mismo. Esta caída en la ingestión produce un desequilibrio entre los requerimientos nutricionales y los nutrientes absorbidos. Existen otros factores relacionados con el volumen y la forma física del alimento que pueden llevar a otros trastornos frecuentes en el periparto. Por lo general, el diagnóstico veterinario se basa en manifestaciones clínicas. Para tener mayor éxito y un coste menor del tratamiento es necesario detectar estas afecciones durante su etapa subclínica o, mejor aún, prevenir su aparición.

IMG_0267Hay particularidades en el manejo del ganado que pueden llegar a determinar o a amplificar estos problemas nutricionales. En explotaciones lecheras con menor personal, resulta difícil justificar la separación de las vacas en grupos de producción. Es así que muchas veces las vacas recién paridas están agrupadas junto con las vacas de alta producción, así como vacas primíparas y multíparas están mezcladas en un mismo grupo. Esto lleva a que las vacas en posparto inmediato, doloridas y con menor capacidad de ingestión, deban competir por el alimento con otras más dominantes. Muchas veces se ve a las vacas secas (que no generan ingresos inmediatos) como una carga para las vacas en producción. En ocasiones a las vacas secas a las que les falta más tiempo para el parto se sitúan en un corral donde reciben alimentos de peor calidad, que pueden producir, sin embargo, una involución de las papilas del rumen y que lleva tiempo volver a recuperar. Para prevenir afecciones nutricionales del periparto hay que preparar el rumen para la dieta posparto, mantener la calcemia y fortalecer el sistema inmunitario.

Preparar el rumen para la dieta posparto
En la vaca lechera el periodo que va durante las tres últimas semanas antes del parto y las dos semanas posparto se denomina de transición.
Para ayudar a las vacas en transición a sobrellevar los rigores que van a sufrir durante la lactación es importante la preparación adecuada del rumen. De lo contrario, se pueden observar distintos tipos de complicaciones, donde las tres más frecuentes son la acidosis (clínica o subclínica), las cojeras y el desplazamiento de abomaso.
La aparición de cualquiera de estas afecciones puede llevar a problemas metabólicos que se manifiestan como hígado graso y cetosis.

Adaptación antes del parto
Gran parte del éxito o fracaso en la nutrición de la vaca lechera es adaptar la población de los microorganismos del rumen a los cambios de la dieta. Por ello, es aconsejable que a las vacas se les suministre concentrado unas tres semanas antes del parto (cinco semanas a las primíparas), con el objetivo de estimular el desarrollo de las papilas del rumen y optimizar el crecimiento de los microorganismos específicos. Esta especificidad de determinados grupos microbianos a determinados nutrientes lleva a la necesidad de que la dieta de las vacas cercanas al parto sea similar o incluso idéntica a la que van a recibir durante la lactancia. Es importante considerar las cantidades de nutrientes ingeridos, más que la concentración, debido a las variaciones en la ingestión. Es recomendable que las vacas cercanas al parto consuman al menos 1,59 kg de proteína con una energía neta para lactación (ENL) en la dieta de 1,57 a 1,61 Mcal/kg. Una cantidad recomendable de concentrado a dar serían 3-4 kg, mientras que el resto (6-7 kg) puede ser un forraje de mediana calidad. La elección del tipo de forraje cumple un papel fundamental: deben evitarse los de campos con alta fertilización, particularmente aquellos ricos en potasio. Las concentraciones altas de potasio en la dieta están asociadas a una disminución en el metabolismo del calcio y fiebre de la leche.

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El exceso de grano
La integridad del rumen está determinada por un equilibrio entre la fermentación de los alimentos y su motilidad. Alteraciones de este equilibrio llevan a trastornos subclínicos, que finalmente se transforman en afecciones clínicas de entidad variable. Si no se tratan, comprometerán la salud y finalmente la vida del animal. La rumia cumple una función muy importante, ya conocida. Las partículas aún no digeridas flotan en el líquido y los movimientos las frotan contra la pared del rumen, esto estimula las terminaciones nerviosas y por tanto las contracciones del rumen en un mecanismo que se autoperpetúa. Es ésta la razón por la cual el tamaño de las partículas o fibra efectiva resulta tan importante para mantener la salud y funcionalidad de este órgano.
El objetivo final es reducir el tamaño de partícula para facilitar la fermentación, acelerar el tránsito de partículas digeridas por el aparato digestivo, aumentar la capacidad del rumen y permitir que entre más alimento.

Acidosis subclínica
Durante la masticación se produce saliva (rica en bicarbonato de sodio) que actúa como amortiguador de la acidez que se produce en el rumen por la fermentación del alimento. Cuando el tamaño de partícula/fibra efectiva no es el suficiente o cuando la cantidad de almidón/azúcares fermentados en el rumen excede la capacidad de suministro de bicarbonato salival, el resultado final es la acidosis. Si los mecanismos compensatorios (saliva) mantienen un equilibrio relativamente aceptable se producirá una acidosis subclínica. Algunas de las alteraciones que se pueden observar durante la acidosis subclínica son:
– Reducción del pH ruminal.
– Hipermotilidad o atonía ruminal.
– Reducción de la rumia.
– Gran variación en el consumo diario de alimento, con disminución transitoria del consumo (5-10 ).
– Aparición de cojeras inespecíficas.
– Inversión de proteína y grasa en leche.
– El estiércol tiene unas características especiales durante la acidosis subclínica:
– Distinta consistencia (de firme a diarrea) en un mismo lote.
– Presencia de burbujas.
– Aparición de mucus/fibrina.
– Aumento del tamaño de los trozos de fibra.
– Aparece fibra y grano sin digerir.

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Si no hay suficiente fibra efectiva (FDNe) en la dieta, el tamaño de las partículas de fibra en el estiércol por lo general aumenta debido a que ya no se forma un tamiz ruminal que enlentezca el paso de material por el rumen. En ausencia de suficientes partículas largas del forraje este tamiz no se forma adecuadamente y algunas partículas largas de forraje pueden salir del rumen sin ser digeridas. La presencia de grano entero en el estiércol puede ser el resultado de otras causas de manejo tales como silo de maíz demasiado seco o poca molienda del grano, procesos que también aumentan la velocidad de tránsito.
En el caso de la acidosis, el aumento de la velocidad de tránsito se relaciona con la presencia de poca fibra en el rumen. La diarrea que se observa en los casos de acidosis ocurre por un exceso de fermentación en el intestino grueso, donde los ácidos producen espuma o burbujas en el estiércol. Uno de los problemas es que este ciclo se autoperpetúa, ya que la mayor acidez causa daño en las papilas ruminales encargadas de absorber los ácidos libres y disminuye por tanto la absorción de los mismos, lo que lleva a su acumulación y a una mayor acidez. La acidez provoca ruminitis, abscesos en el hígado y daño en los pulmones y en los vasos sanguíneos. La aparición de abscesos en el hígado, característico de la acidosis clínica, es resultado del daño al epitelio del rumen que permite la penetración de bacterias que por sangre colonizan los órganos, entre ellos el hígado, que actúa como primer filtro de la sangre circulante proveniente del aparato digestivo. A continuación se produce la diseminación a los pulmones y la ruptura de sus vasos sanguíneos, por lo que se observan como complicaciones de la acidosis la neumonía y el sangrado nasal esporádico.

Mantenimiento de la calcemia
Mantener una concentración adecuada de calcio en sangre en la vaca durante el periodo de transición de la vaca lechera resulta muy importante. Cuando se producen caídas leves de la calcemia hay reducción del consumo, disminución del tono del músculo liso y aumentan la retención de placenta, el desplazamiento de abomaso y la mastitis

Un paso fundamental para mantener una calcemia adecuada es mantener un equilibrio iónico correcto. En el caso de las vacas cercanas al parto es recomendable que el equilibrio iónico sea negativo (más aniones que cationes), ya que favorece la movilización y absorción del calcio, uno de los problemas más frecuentes de la vaca en transición. Existen algunos forrajes (alfalfa), en que la concentración del catión potasio es muy elevada, por lo que su inclusión en la dieta puede interferir en el equilibrio, alterando el metabolismo y la absorción del calcio alrededor del parto. Muchas veces se refiere a los casos de hipocalcemia clínica como una hiperpotasemia por esta razón. Los otros elementos que intervienen en este equilibrio son sodio (Na) y cloro (Cl) y azufre (S), siendo los últimos los que aportan cargas negativas. En los alimentos de uso más frecuente en la alimentación de las vacas lecheras predominan los elementos de carga positiva, que pueden ser un problema en los animales al comienzo del periodo de transición.

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